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21/9/10

Madrazas vs Me

No sé si soy buena madre. En serio, no lo sé. No me siento “madraza” y no me veo como tal. Escucho a amigas desvivirse por sus hijos. Hablar de ellos como si todo fuera perfecto y de color de rosa. Muriéndose por encontrar minutos para estar con ellos, y yo… no soy así.
Amo a Xavi Beruk. Lo quiero con locura. Es mi hijo, mi bebé, mi cosa bonita y sé que a día de hoy no podría vivir sin él; pero de ahí a sentir una total dependencia hacia o para con él hay un paso. Quiero decir que no me duele dejarlo unas horas de más con alguien y tener tiempo para mí. ¿Soy egoísta? Puede ser. Pero no me duele e incluso agradezco que se ofrezcan a llevárselo una tarde. Puedo estar sin él un tiempo y no quiere decir que lo quiera poco. Por eso no sé si lo estoy haciendo bien. Si quizá no estaba preparada para ser madre. Si es algo que me supera o es que todavía no se me ha despertado el instinto.

No me cuesta ni me sabe mal decir las cosas malas, las rachitas “hostiables” que tiene Xavi, y parece ser que eso no se debe decir. Que a una le tiene que parecer que su hijo es el mejor de los mejores y que todo lo hace estupendamente bien. Pues lo siento, pero si mi hijo tiene una época hostiable lo digo porque es así y así lo siento. ¿Soy menos madre? ¿soy mala madre? Eso es lo que no paro de preguntarme; quizá si estuviera preparada para ser madre me saldría solo eso de verlo todo bien y las cosas malas se perderían en algún lugar de la (des)memoria y no saldrían a la luz.

No sé. Hay días que me pregunto si a Xavi Beruk le llega el amor que le tengo. Si, a pesar de mi forma de ser, entiende que es un pilar indispensable en mi vida…

Salud,
Nür.

12/9/10

Billete a Londres.

Y llegó el 11 de septiembre. Cuando me lo dijiste no lo creí; pensé que era de esas cosas que no llegan a ocurrir en realidad. Cosas de las que se habla, que se planean, que se pretenden, pero que quedan en el aire y no suceden. Pero ha llegado el día y te has ido. Ya estarás allí, en tu nueva ciudad, tu nuevo hogar, tu nueva vida.
Un viaje a Londres sin billete de vuelta. Me dices que no sabes cuánto te durará y yo estoy convencida de que va a ser para siempre. Sé que vas a encontrarte. Vas descubrir que hay mundo de sobra preparado para ti, que vas a reafirmarte en el convencimiento de que esto que dejas aquí no es lo tuyo. Y me alegro por ti y estoy orgullosa del valor que has tenido para lanzarte, pero no puedo evitar sentirme un poco vacía.

Ayer me decías que no voy a notar casi la diferencia (¡viva facebook!) pero se notará. He estado a punto de tirar el tarrito que te hacía las veces de cenicero en la terraza de mi casa, pero no me he atrevido. Pienso que si lo tiro daré por hecho que no vas a volver, y aunque una gran parte de mí quiere que te vaya todo bien y no sientas la necesidad de volver; el resto trata de convencerse de que algún día volverás a estar conmigo en la terraza hablando de todo y la vida, sintiéndome ignorante por no saber de las películas o la música de la que me hablas y admirándote tanto como te admiro cuando te escucho emocionada con un nuevo descubrimiento.

Y quizá no haga falta tanta palabrería para describir lo que siento ahora mismo. Tal vez bastaba con un

Joder, ya te echo de menos.

You know I love you.

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Nür.