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27/3/11

Esas cosillas que nunca pensaste que harías.

Vamos en el coche camino al aeropuerto. Conduzco yo. Miq se va de viaje tres semanas, y si voy conduciendo, pendiente de la carretera, olvido por un momento el pinchacito que siento en el corazón. Vamos cantando la vaca lechera: el hit del momento en escuelas infantiles y que a Xavi le vuelve loco – sobre todo la parte del “tolón, tolón”. De pronto Xavi deja de cantar para empezar a gritar (algún día conseguiré encontrarle a este hijo mío el regulador del volumen) “¡¡mocos, mocos, mocos!!”
¿¿¿¿¿Mocos????
Miq se gira para ver qué pasa y se encuentra a Xavi con cara de agobio y con el dedo índice izquierdo en alto… efectivamente, el moco está pegado en él, y el pitufo no sabe muy bien qué hacer. La transcripción de la escena es la siguiente:
Xavi: ¡¡Mocos, mocos, mocos!!
Miq: ¿Qué pasa, Xavi, tienes mocos? Nür, ¿llevamos kleenex?
Yo: Aquí no.
Miq: Espérate un poquito, que el papá te los quita en seguida (se gira para mirar al churumbel) ¡ah! que lo tienes en el dedo…
Xavi: Mocos.
Miq: ¡No! Xavi, no te toques… espera… trae, trae, dámelo a mí, que ya lo tiro yo.
Nür: ¿qué?
Xavi: mocos.
Miq: sí, trae, papá lo tira.
Y sí, el moco pasa del dedo índice izquierdo de Xavi al dedo índice izquierdo de Miq, quien, sin pensárselo dos veces, baja la ventanilla y deja al moco volando en libertad.
Surrealista, cuando menos.
Salud,
Nür

18/3/11

¡Una pesadilla menos! (o casi)

El 31 de diciembre de 2010 sufrí uno de los momentos de mayor tensión de mi vida laboral. No voy a entrar en detalles porque escribiría una novela si tuviese que explicar minuciosamente cada eslabón de la cadena que forma esta historia, así que resumiré.

Resumiré diciendo que aquél día bajé a la notaría, sin ningún tipo de poder – porque no lo tengo – a presentar una operación de mierda. Una operación que me encargó un superior (no mío, afortunadamente) de m*. Que firmó un apoderado de m*, y que lo único que trajo fue mierda a mi día a día.

Si formalizas operaciones de mierda lo único que consigues es encontrarte con problemas, y así ha sido. Para empezar, se firmó la operación sabiendo, a priori, que faltaba un buen pellizco de euros (y cuando digo esto me refiero a muchos miles) para hacer frente a los gastos derivados de la misma. ¿Y por qué se firmó la operación? Fácil: al superior le hacía falta esa firma antes del cambio de año para poder salir medianamente bien parado en la foto finish del ejercicio.

El momento no hubiese sido tenso si no hubiese sentido todas las miradas sobre mí. Todos los comentarios. Todos los “no puede ser”. Todos los “pues a ver quién tiene la culpa de esto”. Reventé. Muy formal, eso sí, pero no dejé nada dentro de mí. Para empezar expuse que no sabía qué estaba haciendo yo en la notaría cuando no soy nadie, y para seguir dejé claro las órdenes que se me habían dado y la procedencia de la operación. Parece que todos acordaron que quizá la nenita mona no tuviese culpa de nada.
Que no tuviese culpa no facilitaba las cosas. Así, llegué a la oficina, -un día que cerrábamos a las 12:30 - a las 13:45. Todos mis compañeros esperándome, y yo que me subía por las paredes, una vez en la oficina, sí, despotricando del superior, del apoderado, y de la operación en general.

Evidentemente, la falta de euros no se iba a quedar ahí. Así que me puse manos a la obra para conseguirlos: ampliación de hipoteca que me denegaron, préstamo personal que también, miles de formas distintas de plantear lo mismo, miles de baches en el camino… y por fin hoy, ¡HOY!, 18 de marzo de 2011… ha llegado la aprobación a mi pantalla.
El lunes se firma. El lunes bajarán a notaría a firmar, se formalizará y todo, espero, quedará solventado.

Hoy me siento bien. He llegado a casa sintiéndome más libre. Quizá esta noche no me vengan a la cabeza las mierdas de esta operación. Quizá hoy pueda dormir tran-qui-la.

¡¡Feliz fin de semana!!
Salud,
Nür