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12/7/12

¿Cuánto pueden significar dos días?

Miq en la bici, Xavi con la iaia y yo, supuestamente deshaciendo maletas, poniendo lavadoras, tendiendo ropa, recogiendo, planchando, organizando. Hacen falta unas vacaciones para descansar de la vuelta de vacaciones, leche.
Digo supuestamente porque en lugar de eso estoy aquí delante, aprovechando la calma, divagando sobre mis cosas.
Este año el tema de las vacaciones está complicado en la empresa en que trabajo. Tenía las dos primeras semanas de julio, y el último día antes de que empezaran, me comunicaron que no las podía tomar. ¡Pero si tengo un viaje pagado! Que lo cancelara, me dijeron; y eso, me van a perdonar, es algo que no entraba en mis planes. El planteamiento fue sencillo: Yo no cancelo nada. Me pagas el avión (de los tres), el hotel, y los puntos que he gastado de la Iberia Plus, y no me voy. Sencillo, ¿verdad?. Al final optaron por darme los días del viaje, única y exclusivamente.
Francamente, ganas de terminar un miércoles a las 19h de trabajar, hacerme la maleta, coger un avión el jueves por la mañana, irme de viaje, volver el miércoles a última hora y levantarme el jueves a las 6:20 para irme a trabajar no tenía en absoluto. Pero menos es nada, y al menos desconectaría y disfrutaría de unos días en Bélgica con mis dos pimpollos (Miq y Xavi, se entiende).
El cabreo, al oir la noticia fue supremo. El cabreo, los tres días que supuestamente tenía que estar de vacaciones pero estaba en la oficina, era totalmente visible. Y el cabreo, en el vuelo de vuelta a casa, era más que perceptible.
Y sin embargo, ¿qué hago aquí a estas horas si debería estar trabajando? Nadie, excepto Miq, que me vio pegar saltos de alegría, puede imaginarse la sensación que tuve cuando, en la escala en Madrid, encendí el móvil y recibí un sms de mi oficina que decía "Puedes seguir de vacaciones. Nos vemos el lunes. Disfruta estos días". ¡¡Dos días!! ¡¡Dos días más de vacaciones!! Esta mañana todavía no me podía creer que no tuviese que levantarme, vestirme, calzarme los tacones, maquillarme, y salir escopetada hacia el trabajo.

Hay a quien le cuentas esto y te dice que suerte que tienes que estás trabajando. Y no niego que sea una suerte tener un trabajo tal y como están las cosas, pero de ahí a pensar que por el simple hecho de tenerlo, tengamos que dejarnos explotar hay un paso. Un paso importante. La cosa está muy mal. Nadie tiene seguro nada, y en las empresas se dedican a jugar con el miedo y la incertidumbre de los trabajadores. Así, nos invitan a quedarnos haciendo horas que nadie nos va a pagar ni recompensar de ninguna manera. Nos invitan, pero ¡ay de ti como no te quedes!. Nos obligan a quedarnos sin vacaciones en verano porque ahora hacemos mucha falta. Después, ya veremos. En septiembre haremos falta por otros motivos, y en octubre, y en diciembre por ser fin de año y cierre de ejercicio. Bueno, no te pueden dejar sin vacaciones, ¿verdad? Si no tienes opción a cogértelas, no te preocupes, te las pagarán. ¡¡Y unos cojones!! Nadie quiere que le paguen las vacaciones. ¡Al menos yo no lo quiero! Lo que quiero es disfrutar de mi derecho a tener unos días en los que el despertador no suene de madrugada; lo que quiero es disfrutar de mi derecho a tener unos días en los que no tenga que tratar a los clientes; lo que quiero es disfrutar de mi derecho a pasar unos días con mi familia; lo que quiero, a fin de cuentas, es disfrutar de mi derecho a tener VA-CA-CIO-NES. Y eso no es tan díficil de entender, ¿a que no?.

Salud,
Nür