En los últimos meses he desperdiciado la mayor parte de mi vida trabajando, por lo que no he tenido tiempo para nada más; pero ya antes de fastidiarme la cadera decidí cambiar en ese aspecto, y así lo he hecho.
Ese gran cambio, como ya he comentado otras veces, ha supuesto tener tiempo para mí, y dedicarme a lo que me gusta, como por ejemplo, pasar horas y horas leyendo.
No recuerdo cuándo empecé con Ébano, de Ryszard Kapuscinski, pero me da a la nariz que fue por allá por septiembre. Que un libro interesante me dure tanto tiempo no puede significar más que lo que significó: Que no disponía de tiempo. Ahora Ébano es un libro ya leído que me ha fascinado – sobre todo los pasajes sobre Etiopía – y que recomiendo encarecidamente.
Desde mi “revelación” he dedicado todo el tiempo que he querido a la lectura, y tanto ha sido así, que acabo de cerrar Las Correcciones, de Jonathan Franzen. Setecientas y pico páginas de descripciones imposibles, que me han tenido enganchada hasta tal punto de no ser capaz de ver el momento de apagar la luz y echarme a dormir. Reconozco que al principio me resultó pesado; reconozco también, que este libro estaba en la estantería desde 2002, cuando lo empecé y, siguiendo mi línea de las veinte primeras páginas, lo volví a dejar en su sitio. Esta vez ha sido diferente. Lo vi y me apeteció leerlo, intentarlo de nuevo; y aunque volví a pensar que era demasiado denso, esta vez logré pasar de la página 20 porque había algo que me decía que me iba a gustar. Y así ha sido.
Ahora tengo varios pendientes de leer… uno de ellos el nuevo de mi venerada Lionel Shriver, El mundo después del cumpleaños; libro que reconozco me da algo de miedo leer por si no cumple con las expectativas, y es que, como ya comenté en su día, Tenemos que hablar de Kevin dejó el listón muy, pero que muy alto; tanto, que hasta la fecha no ha habido libro capaz de alcanzarlo (no digamos de superarlo).
Y para descansar un poco de tanto libro gordo, y despejar un poco la mente antes de lanzarme a descubrir si Lionel sigue siendo santa de mi devoción, he decidido que hoy empezaré con Mujeres de ojos grandes, de Ángela Mastretta, que parece, al menos a simple vista, ser altamente refrescante. Ya os contaré.
Salud,
Nür


