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18/4/16

Noche mágica la de aquél día


Los que me seguís, si es que todavía queda alguien por aquí, sabéis cómo soy de (poco) constante con esto del blog. Sabéis que lo mismo escribo durante un mes a diario - qué va, eso no ha ocurrido ni en mis mejores tiempos - que pasa un año sin que asome la nariz. Así que no os sorprenderá que hoy publique no una, sino dos, ¡dos!, entradas. Daos por dichosos: estoy dándolo todo, señores.

En los últimos meses han ocurrido tantas cosas en mi vida que, si tuviese que poneros al corriente de todas, podría estar escribiendo durante días sin parar. Y eso no va a ser posible, así que contaré o escribiré sobre lo que me vaya viniendo en gana, que es, básicamente, la base de este blog.

Escribo, hoy, por ejemplo, de lo que me ha traído de vuelta: Una frase dicha por alguien.

El viernes ocurrió algo sensacional. Para mí lo fue, al menos.
La Casa de la Cultura de un pueblito cercano organizaba un recital de poesía con textos de León Felipe, a quien, ignorante de mí, no conocía. Cada texto se recitaba acompañado de música en directo, y mi madre acompañaba unas cuantas lecturas con su violonchelo.
Pregunté al churumbel si le apetecía ir, y le conté en qué consistiría de la única manera en que se me ocurrió que un petardo de casi siete años pudiera entenderlo: "En un recital de poesía se leen poemas, ¿sabes qué es un poema?; un poema es un cuento con frases cortas. En el recital, leerán estos cuentos acompañados de música. La abuela tocará el chelo mientras alguien lee un poema. ¿Crees que puede ser chulo?"
Y el ya no tan pequeño Xavi Beruk, a quien la música le fascina prácticamente desde que nació, no dudó ni un momento que aquello no podría ser sólo chulo, sino además, lo más divertido que había visto en tiempo.
Así que allá que nos fuimos. Al recital. A las 22:30 de la noche. A 30 Km de casa. El recital fue fascinante. Los lectores, la música, los poemas del para mí ya nunca más desconocido León Felipe... El tiempo pasó volando. Cantaron también algunos de sus poemas (ya versionados anteriormente por Paco Ibáñez). Fue muy bonito, de verdad que sí.
Sin embargo, lo mejor estaba todavía por llegar. El presentador sube al escenario y dice que, como bien sabemos - no, yo no - era noche de micro abierto. Invitan a quien quiera a subir al escenario a leer un poema. Y yo, no sé ni cómo ni por qué; yo, que siempre paso desapercibida; yo, que me pongo nerviosa simplemente de pensar que tenga que decir una palabra para un grupo mayor de 8 personas; yo... me apunto a leer. Y cuando llega mi turno subo al escenario y leo. Leo un fragmento de Insignia. Leo, viviéndolo, un poema tremendo, brutal.
Después todo fue un sueño. La gente aplaudía. Se acercaba a mí a felicitarme. Me preguntaban si era la primera vez que acudía a un micro abierto - no puede ser, decían, ha sido increíble. Una lectura prácticamente a primera vista con esa fuerza, con ese acierto. Mis padres emocionados: que no sabían que leía tan bien (yo tampoco, ¡válgame!), Xavi abrazándome contento; alguien, a quién yo tomé a broma y resultó ser el director de la Casa de la Cultura, se acercó para decirme que le había impresionado y que le gustaría ficharme para ser una habitual en las noches de lecturas allí. Mágico. Mágica no mi lectura, sino la reacción de la gente.

Y al día siguiente, cuando estaba todavía intentando averiguar si lo había soñado o no, se lo contaba a una amiga que contestó: "¿Y yo me lo perdí?. Si lees la mitad de bien que escribes, no me lo quiero ni imaginar".

Esa frase. Esa frase me tocó dentro. Y recordé cuando escribía aquí, en mi rinconcito de la red. Y recordé que hacía mucho tiempo que no me dejaba ver. Recordé a todos los que conocí gracias a este blog. Y pensé: tengo que volver. Aunque sea para decir que sigo viva. Que sigo bien. Que soy y estoy y tengo la suerte de contar con gente como Lulo en mi vida. Lulo, que cree en mí de forma exagerada. Lulo, que me ha hecho volver (aunque en realidad nunca me fui).

Salud,
Nür



Borrador con fecha 10/07/2015. Tú eres lo más importante de tu vida


He encontrado este borrador en el cajón de las entradas perdidas de este blog. Recuerdo perfectamente por qué lo escribí (no hace falta tener buena memoria: lo pone al final del todo), pero no recuerdo por qué no lo lancé al ciberespacio. Hoy sí lo hago. Anoto aquí que sigo creyendo firmemente en las palabras que hay a continuación y eso, afortunadamente, sólo puede significar una cosa: que estoy haciéndolo bien.

A veces no nos encontramos bien. No físicamente, digo. No nos encontramos bien emocionalmente por cualquier causa: Porque las cosas no salen como esperábamos; porque algo falla en nuestro plan de vida, si es que lo tenemos; o porque lo que creíamos ya establecido se desmorona y nos arrastra con ello sin darnos cuenta que esto ocurre porque estamos anteponiendo otras cosas a nosotros mismos. Y quien dice cosas dice personas. Cosas. Personas. Lo que sea. Los anteponemos y nos duelen cuando fallan.

Hace ya más de un año mi vida se puso patas arriba. Llevaba tiempo arrastrando cierto malestar, notando que los cimientos fallaban, y de pronto, un día, se vino abajo. No se puede decir que fuese sin avisar, desde luego, pero algo así siempre sorprende.
Fue una época dura. Muchas sesiones de psicólogo; mucha terapia; mucho ejercicio de autovaloración; muchas listas de virtudes y defectos. Sobre todo de estos últimos porque era incapaz de decir nada bueno de mí misma, hasta que llegó el día en que me di cuenta que nada de eso me hacía falta. Que iba a quedar enterrada bajo un montón de papeles llenos de listas de adjetivos negativos si no hacía algo, y fue cuando comprendí  que sólo necesitaba una cosa para salir de donde me encontraba: yo. Me hacía mucha falta. Me estaba abandonando sin darme cuenta que sin mí,  no podía ser nadie.

Afortunadamente, hoy soy una persona diferente. No todo lo diferente que me gustaría, pero estoy trabajando en ello. Ahora me quiero y valoro más que nunca, y no antepongo a nada ni a nadie a mí misma. Y cuando digo a nadie, quiero decir a nadie, hijo incluído. Y es que he descubierto que yo soy lo más valioso que tengo. Yo soy quien hace que mis días valgan la pena. Yo, y sólo yo, soy capaz de todo con mi propio apoyo. Y lo mismo soy yo para mí que tú para ti, aunque seguramente ya lo sabes: Tú, quien quiera que seas tú, eres lo más importante de tu vida.

Salud,
Nür.

Nota: esta entrada está escrita a petición de alguien a quien parece ser que le apetecían mis palabras como parte de un proyecto. Espero que sirvan, y si no, tampoco pasa nada: estas palabras no son importantes; como dice la canción: Tú eres lo más importante de tu vida.

23/4/15

A ti, mi bebé de seis años.

Sé que no soy una madre de manual, de libro, de esas que tanto abundan y que no hacen más que demostrar lo buenas madres que son allá por donde pasan. De esas que llenan las redes sociales de fotos de sus hijos, y que demuestran constantemente lo orgullosas que están de ellos. No, no soy de esas madres, pero quiero que sepas que no por no seguir las reglas del manual estoy menos orgullosa de ti que ellas de sus hijos.

Hace seis años alguien te vio nacer y quiso lo mejor para ti. Seguramente una madre maravillosa, que,  por circunstancias que desconocemos, no ha podido demostrar cuánto te quería cada día, pero que lo hizo a su manera, dejando que alguien te trajese hasta aquí y lo hiciese por ella.

Sé que no siempre entiendes las cosas que te digo. Que te parezco una cascarrabias. Que en ocasiones preferirías que fuese de otra forma; pero te aseguro, hijo, que todo lo que hago lo hago por ti.
Intento educarte de forma que no te haga falta nadie el día de mañana, que te valgas por ti mismo, que no te dejes influir y tengas tu propio criterio. De forma que seas consecuente, que aprendas el valor de las cosas, y que sepas que la vida no siempre lo pone fácil. Quiero que llames la atención no sólo por tu belleza, sino también por tus modales; que todo aquél que te conozca quede prendado de tu encanto. Esto último, cariño, ten por seguro que en tu corta vida ya lo has conseguido.

Y es que eres grande. Muy grande. Eres maravilloso, y desde que te cogí en brazos por primera vez me dije a mí misma que te lo diría cada día. Y lo hago, sabes que lo hago. Cada día. A pesar de mi mal genio y de mi escasa paciencia, no pasa un día en que no te abrace, te bese y te diga lo muchísimo que te quiero y lo orgullosa que estoy de ti. Espero que te llegue, que te lo creas, que sepas que lo digo de verdad porque es totalmente cierto.

Hace seis años alguien te vio nacer y quiso la vida que nos encontrásemos y compartiésemos nuestra vida para siempre.

Te quiero, hijo. Te quiero, Xavi. Muchísimas felicidades.

22/1/14

Me voy de facebook, ¿por qué?

Algunos de los que aquí me leéis cuando me digno a escribir algo me tenéis como amiga también en Facebook. Algunos, seguramente los menos, os habréis dado cuenta que he desaparecido de esa red social. O no, porque hace bastante poco que me he ido, pero ahora ya lo sabéis.
No es un adiós definitivo, no creo que sea capaz de estar mucho tiempo sin entrar a ver qué acontece en la vida de algunas de las personas con las que allí mantengo contacto, y que, seamos francos, es el único modo de comunicación que tenemos.
Facebook es bueno para eso, para reencontrar gente a la que le perdimos la pista hace años; para volver a saber de la vida de aquella compañera de cole con la que tan bien te llevabas y de la que te separaste con tan sólo diez años cuando tus padres decidieron cambiarte de colegio. Facebook está muy bien para encontrar grupos afines a tus creencias, ideologías, pasatiempos o gustos; pero Facebook también sirve, consciente o inconscientemente, para saber más de lo que nos gustaría de algunas personas.
Sí, porque a veces,  aunque no vayamos a indagar sobre alguien (confesémoslo, todos lo hemos hecho), nos salta algo de un conocido o de un tercero que no queríamos saber, o que, sencillamente, hubiese sido mejor no saber.
Y eso es lo que ha hecho que me vaya. Un tiempo, ya lo he dicho. Seguramente lo superaré, o lo obviaré, o lo olvidaré, o me lo pasaré por el forro de los ovarios, pero de momento necesito separarme de gente que, tan sólo por saber de su existencia, me hace daño.

Llevo una temporada muy larga bastante rara, se nota por el contenido de mis escasas entradas aquí; por mis pocos o nulos comentarios en Facebook, por mis estados de whatsapp, y por las comidas de tarro que os pego a los que me conocéis en persona.
No sé cuándo se me pasará; cuando encontraré la salida; cuando volveré a ser yo misma, pero creedme si os digo que estoy poniendo empeño en ello.
Mientras tanto, lo dicho, me alejo de Facebook para tomar aire, fuerzas, y volver, cuando vuelva, dispuesta a comerme al que se atreva a acabar conmigo.

Salud,
Nür