------------------------------------------------------------------------------------------

10/11/10

Co-workers

Los compañeros de trabajo vienen, normalmente, impuestos por la empresa. A menos, claro, que la empresa sea tuya y seas tú quién los elija.

En mi oficina somos 11 personas trabajando, 11 personas compartiendo 7 horas al día, 5 días a la semana – que es un montón – y es genial porque hay muy buen ambiente (sobre todo después de los últimos cambios hace ahora ya medio año). Está claro que hay de todo, e igual que a mí unos me caen mejor que otros, yo caeré peor a unos u a otros, pero, lo que importa es que, en general, hacemos un buen equipo y nos llevamos bien. Podría decirse, incluso, que desde hace seis meses, voy con alegría a trabajar. Pero todo tiene un final, y parece que en nuestra oficina, el final ha llegado de la mano de noviembre.

A finales de mes se producirán cambios que me duelen. Yo seguiré aquí, pero algunos de mis compañeros se irán, y no puedo evitar sentirme mal. Las fases del duelo son cinco: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación, y parece que me he quedado atascada en la IRA. No puedo evitarlo. Intento que no me afecte, intento pensar que es lo mejor para ellos (porque realmente lo es) y que no debo ser egoísta (¿¿¿Por qué si no por mi egoísmo esto me duele tanto???); me levanto por la mañana pensando que ya está bien, que no se merecen mi mala gaita, y aunque lo llevo más o menos bien durante unas horas, al final me sale el bicho este que llevo dentro y proyecto mi ira y mi malestar sobre quien se me acerque.

Yo no sé hablar. No pienso bien lo que digo y se me amontonan las palabras. Se me da mucho mejor escribir, y aunque sé que no leerán esto, quiero dejar aquí plasmado cómo me siento porque quizá no entienden mi forma de actuar. Y lo que quiero es que sepan que si me duele es porque me importan; que si me duele es porque los quiero; que si me duele es porque no soy capaz de imaginar mi día a día en la oficina sin ellos.

Supongo que acabaré aceptándolo, que después el cambio no resultará tan traumático; pero de momento me siento tan mal, tan mal, que deseo que se pare el tiempo y el día 22 no llegue nunca.

Salud,
Nür