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26/11/11

El Hombre de mi vida

Podría decirse que a lo largo de mi ya no tan corta vida ha habido varios hombres, o chicos, o niños – a edades más tempranas.  Unos pasaron fugazmente, y otros han aparecido para quedarse. Estos últimos son también, ahora, los hombres de mi vida; pero no serán, por más que quieran, el Hombre con  mayúscula; porque éste, el que pasó a ser parte fundamental de mi vida desde el mismo momento en que nací, sólo es uno.
Mi padre es el hombre más inteligente que conozco. Se lo digo a menudo, y él se medio sofoca y se llena de orgullo a la par. Y es que es cierto; no es porque sea mi padre; no es porque yo sufra ningún tipo de complejo de Edipo; ni porque conozca a poca gente. Simplemente es que lo pienso de verdad. No ha habido jamás una duda que no haya sabido responderme. No ha existido el momento en que haya pensado que algo de lo que me ha enseñado ha sido inútil.
Mi padre ha cuidado de mi hermano y de mí como pocos hombres (lamentablemente) lo hacen con sus hijos. Cuando mi madre trabajaba de noche, por las mañanas, nos llevaba de excursión. Cada fin de semana a un sitio diferente. Cargaba en el coche a los dos petardos que éramos, y allá que nos íbamos a la sierra, a un pantano, a la playa, de compras o donde hiciese falta para que no estuviésemos en casa dando guerra.
No sé la opinión que tendrá mi madre de él como marido, pero la mía como hija no puede ser mejor. Por horarios, en casa siempre ha cocinado él, y recuerdo con ilusión los viernes por la tarde, cuando yo todavía vivía en casa, que nos íbamos los dos a hacer la compra de la semana.  Él fue quien me enseñó que no siempre el paquete de 12 rollos de papel higiénico sale más barato que dos de 6 de la misma marca y calidad. Que el pack ahorro no suele serlo tanto, y que no por comprar en el 3x2 sales siempre ganando.
De él adquirí la pasión por los libros.  En casa se ha leído siempre mucho: No puedo recordar a mis padres de otra forma, estando en casa, que no sea en el salón, cada uno con un libro en las manos.  Pero una cosa es leer y otra que los libros te apasionen. A él le apasionan, y por él, a mí también.  Su máxima siempre ha sido que “gastar” el dinero en libros no es gastar, sino invertir, y he pasado a hacerla mía.
Por él me gustan las motos. Por él me gusta la cocina. Por él me gustan las plantas. Por él (y por mi madre) me considero afortunada por la educación que he recibido. Porque me han enseñado a pensar por mí misma, y me han dejado actuar libremente y hacerme responsable de mis actos.  Por él, y por ella, por ellos, estoy educando a mi hijo de la manera que considero correcta. Pero hoy hablo de mi padre, sólo de él, porque es su cumpleaños, y no encuentro mejor manera de felicitarle que plasmando en mi rinconcito de la red, al alcance de cualquiera, la opinión que me merece.
¡Felicidades, papá!

28/9/11

Principios (y finales): El libro electrónico.

Hace dos años, por reyes, Miq me-se regaló un Kindle. Cuando nadie sabía qué era eso, cuando era de los pocos que había y costaba una verdadera pasta, y cuando de ninguna de las maneras podías encontrar un libro de actualidad en castellano que meterle.
Digo me-se porque yo no lo quería. Porque no me hacía ninguna ilusión. Porque intentó regalármelo por mi cumpleaños y le dije que ni se le ocurriera. Pero llegaron los puñeteros Reyes Magos, y me-se lo trajeron (dos meses después de haber dicho que ni en pintura quería verlo). Me-se lo trajeron porque a él le apetecía toquetearlo, saber qué era, cómo funcionaba, y le podía venir bien para sus cosillas.  Cogí tal cabreo que no le dejé tocarlo. Era mío, ¿no? Pues eso: "no, no te lo puedes llevar, que lo estoy usando". Y él lo veía ahí, en la estantería, ocupando un mínimo lugar al lado de los muchos libros de verdad que tengo, cogiendo polvo, con la batería descargada; y no veía ninguna intención en mí de cogerlo y hacer algo con él. Pero me respetó. (It's my party and I cry if I want to)

Soy fanática de la lectura. Me encanta encontrar un hueco diario para leer, y me gusta tener libros. Muchos libros. Sueño con tener una librería de pared a pared repletita de ellos y haberlos leído (o intentado) todos y saber decir de qué va cada uno, si me gustó o no, si lo tuve que dejar porque en sus 20 primeras páginas no consiguió engancharme. Me gusta tocarlos, pasar las páginas deprisa, levantando una brisita y olerlos. Me gusta manosearlos y que se note que han ido conmigo durante unos días en el bolso, de aquí para allá, de allá para aquí.

No me gusta leer lo que todo el mundo lee; los libros que hasta quien no lee se lee porque están de moda, así que no podré hablar de Los Pilares de la Tierra, de momento. No digo que no lo vaya a leer nunca (nunca es demasiado tiempo), pero no lo hice cuando todo el mundo lo leía, cuando parecía que no existía otra cosa en el mundo. (Idem de lo mismo con el Código DaVinci, y unos cuantos más). Soy así de radical, ¿qué le vamos a hacer? y tengo mis manías. Ésta es una; otra es que dificilmente compraré un libro con tapa dura. Lo haré si no me queda más remedio, si no existe la edición de bolsillo o la de tapa flexible y de verdad es un libro que quiero leer, pero no busco que mis libros queden bonitos en el salón de mi casa y hagan juego con el marco de fotos que tienen al lado. Busco practicidad, que pesen lo menos posible, que se doblen, que no se me duerman los brazos o se me hinquen en el pecho si leo tumbada sosteniéndolo en alto.

Así que ya podéis imaginar la gracia que me hacía a mí el dichoso Kindle. Un libro electrónico. ¡¡Si te caben mil libros dentro!! ¿¡Y para qué quiero yo mil libros ahí dentro si sólo leo uno cada vez!? Pero así no se te estropea en el bolso (...) Pero así no tienes que cargar con un tocho de 700 páginas a donde quiera que vayas (...) Pero así, pero así, pero así.

Y hoy, ¡válgame!, me sorprendo con el Kindle en el bolso. Con no sé cuántos cientos de libros que me cargó mi madre (que ya se ha comprado su propio e-book y es adicta a descargarse libros que nunca leerá), y cuatro más que me descargué yo solita, sin que nadie me obligara, el lunes; de los cuales, por cierto, ya me he leído uno. 
¡Y qué leche, Nicolás! cada vez me doy más cuenta que los principios que uno cree tener; que las cosas por las que uno se cree especial, diferente, peculiar, no son más que circunstancias momentáneas, pues al final te dejas llevar, razonas, sopesas, y caes en la cuenta que igual esos principios no son más que cabezonerías y que no estaban tan arraigados como pensabas. Como bien dijo Groucho Marx: Estos son mis principios, y si no te gustan, tengo otros.

Salud,
Nür

PD: Si alguien me lee en facebook, sabrá que ya empleé esa frase de Groucho con el tema del carro-bastón de Xavi Beruk (algún día en el blog, prometido). Otra prueba más de lo que menciono anteriormente. Voy a crear una serie especial para estos posts en los que me demuestro que no soy tan diferente al resto del mundo, al fin y al cabo. La llamaré "Principios (y finales)", y veremos cuántos salen.

24/9/11

Emociones

Es alucinante ver como el pequeño repollo va creciendo y conviertiéndose en una personita. Siempre que pienso estas cosas me viene a la mente esa mítica frase de Les Luthiers que dice, a propósito de los niños, que "podríamos incluso afirmar que son seres humanos"; ¡qué grandes Les Luthiers!.

A sus dos años y pocos meses, Xavi ha aprendido a expresar emociones, así que ahora todo lo que acontece en nuestro día a día es lo más de lo más.  Te pide que le pongas el DVD de Little People, y cuando le dices que claro, que se lo vas a poner, se pone a saltar exclamando "Estic content, mama!". Y yo le digo que me alegro mucho, que me gusta verle contento, y me pregunta entonces si yo estoy contenta, y de la alegría que nos da, los dos saltamos y nos emocionamos. ¡Qué tremendo acceder a poner el DVD!

Y de la misma manera te dice si está triste, o te pregunta si tú lo estás, y te dice que está enfadado, o te pide que no te enfades - y que no chilles, claro. Porque no puedes estar siempre pidiéndole que baje el volumen, que no se habla chillando, y perder luego los estribos y empezar a gritar como una energúmena (que se dan ocasiones, sí, por mucho que intentes no hacerlo; pero de esto de las incongruencias educacionales ya hablaré en otro post; que da para mucho).

Así que así vamos, Xavi Beruk haciéndose mayor, y con él yo, que estoy a punto de cumplir los treinta y tengo así como un nudo no sé dónde. Un malestar interior que no sé describir. Curioso: uno aprendiendo a expresar emociones, y otra olvidando, o mejor dicho, desconociendo la manera de hacerlo. No todas, coñe, pero ésta, ésta que me corroe por dentro por la proximidad al cambio de prefijo. ¡Ay!

Salud,
Nür

13/9/11

Xavi y el Moose

Estando en Alaska, durantes nuestro viaje de "fin de novios" o "luna de miel", como gusta a la gente llamar, compramos un libro. Varios, en realidad, pero uno muy especial; uno que compramos para quien todavía era un esbozo de nuestro proyecto de mate/paternidad.
Es un libro infantil que cuenta la historia de un osezno a punto de meterse en la madriguera a hibernar. El osito se va despidiendo de las plantas y animales que encuentra a su paso, hasta que se esconde, con su madre, a pasar el frío del invierno alaskeño.  Lo peculiar del libro es que nombra las plantas y animales típicos de Alaska (Good Night, Alaska, se llama el cuento).

Es un libro que le leo casi cada noche a Xavi desde que llegó. Es en inglés y no espero que entienda cada palabra, pero le gusta oirme en un idioma que no entiende del todo, se lanza y repite algunas palabras, y, estoy segura que desde bien pequeño entiende la idea general. Uno de los animales de los que se despide el osito es un Moose (un alce americano), y se nombra muy de pasada, pero si hay algo que me alucina, es la mente tan maravillosa que tiene mi churumbel (imagino que el resto también, pero a Xavi es al que conozco de cerca).

Xavi Beruk dependía del chupete para dormir. Iba todo el día sin, pero cuando le entraba sueño lo pedía, y, sin él, no era capaz de dormirse. Esto a mí me asustaba porque temía el día que llegara el momento de quitárselo, de decirle que ya era mayor para llevar chupete... y resultó que ese día llegó solo.
Una noche, antes de cumplir los dos años, se nos hizo tarde en casa de mi suegra, y, por no marearlo mucho, lo acosté allí. Como no había sido algo preparado, no teníamos chupete a mano, y, aunque Xavi no hacía más que pedirlo, conseguí que se durmiera explicándole que el chupete estaba en casa, que al día siguiente lo cogeríamos. Durmió toda la noche de tirón, y ¡esa era la mía!, ¡si había dormido una noche sin chupa, podría dormir el resto de su vida!. A la noche siguiente, en casa, la explicación fue a la inversa: "nos hemos dejado el chupete en casa de la iaia". La tercera noche llegó el bombazo: Xavi pidió el chupete, le dije que no habíamos ido a recogerlo y me dice, todo serio, "se l'ha dut el moose per al bebé". ¡Claro! ¿cómo no se nos había ocurrido? El moose se había llevado el chupete para su bebé, que era pequeñito y le hacía falta.
No se lo dijimos nosotros, se le ocurrió a él, y, como digo, eso fue antes de cumplir los dos años.

El otro día Xavi se encontró con su amiguita Mireia, de la guarde. Mireia llevaba el chupete puesto, y la conversación de ambos fue la siguiente:

Xavi: Mireia, què fas amb la chupa? (Mireia, ¿qué haces con chupete?)
Mireia: ¿Xavi no tiene chupa?           
Xavi: Se la va dur el moose ( Se la llevó el moose)

Mireia: Yo no tengo moose              

Por este tipo de escenas es por las que te arrepientes de no vivir con una videocámara integrada en la montura de las gafas :)

Salud,
Nür

11/9/11

Un nuevo intento.

Hacía tantísimo tiempo que no entraba a mi blog, que me ha costado un buen rato conseguir que blogguer me devolviese mi contraseña. Qué sensación más triste. Lo que yo he sido y lo que soy, en la blogosfera. Pero la vida cambia, las tecnologías avanzan, y con ellas, las prioridades y los intereses.
Mi aventura en lo que a abrirme al mundo internáutico se refiere comenzó hace ya muchos años en los spaces de live, que, desde hace unos meses, y porque live lo vale, se cambiaron a wordpress.  Dije que no me gustaba blogger, lo veía complicado, pero al final caí, abrí este blog, y casi sin darme cuenta, abandoné el otro. Y luego llegó facebook. Al principio le tenía respeto, pero poco a poco me di cuenta que era mucho más fácil y cómodo decir qué pienso en cada momento, que desarrollar una idea en forma de entrada de blog. Que no es que me guste más, pero es más fácil, y, sobre todo, más rápido; y el tiempo juega un papel importante cuando no dispones de mucho, o, cuando el que dispones, prefieres pasarlo con tu hijo que cara al ordenador. Porque puedo estar jugando con Xavi y estar echando una ojeada al facebook (máxime desde que lo tengo en el móvil) pero no leyendo un blog o redactando algo en el mío. Y las noches, esa hora o poco más que, ya en la cama, tengo antes de dormirme, lo siento: esa se la dedico a los libros de verdad.

En todo este tiempo ha habido cambios en mi vida. No enormes cambios, pero cambios, al fin y al cabo. Uno de ellos laboral. No he cambiado de trabajo, pero sí de oficina, y ha supuesto una mejora considerable en mi vida. Quienes me conocen de cerca dicen que parezco otra persona. Y no es que parezca otra, es que vuelvo a ser yo. Porque yo soy así, y así era antes, mucho antes, cuando todavía no había entrado en el ambiente y rutina negativa que se respiraba en mi lugar de trabajo. Ojo, que he tenido buenísimos momentos allí, y buenísimas personas como compañeros. No quiero decir que entrara a la oficina y fuese para echarse a llorar, pero siempre hubo un tufillo amargo en el ambiente, y al cabo de un tiempo, y aunque no quieras, te cala, cambiándote hasta el carácter.

Gracias a este cambio he vuelto a escribir, mucho. Ahora escribo en la moleskine que llevo en el bolso cuando salgo a almorzar, así que es posible que vaya retomando el contacto con el blog, pues, de encontrar el momento, sólo tendré que pasar las ideas de la libreta al blog, que lleva menos tiempo que desarrollarlas desde la pantalla en blanco. Aún así, ya sabéis, no prometo nada.

Salud,
Nür

27/3/11

Esas cosillas que nunca pensaste que harías.

Vamos en el coche camino al aeropuerto. Conduzco yo. Miq se va de viaje tres semanas, y si voy conduciendo, pendiente de la carretera, olvido por un momento el pinchacito que siento en el corazón. Vamos cantando la vaca lechera: el hit del momento en escuelas infantiles y que a Xavi le vuelve loco – sobre todo la parte del “tolón, tolón”. De pronto Xavi deja de cantar para empezar a gritar (algún día conseguiré encontrarle a este hijo mío el regulador del volumen) “¡¡mocos, mocos, mocos!!”
¿¿¿¿¿Mocos????
Miq se gira para ver qué pasa y se encuentra a Xavi con cara de agobio y con el dedo índice izquierdo en alto… efectivamente, el moco está pegado en él, y el pitufo no sabe muy bien qué hacer. La transcripción de la escena es la siguiente:
Xavi: ¡¡Mocos, mocos, mocos!!
Miq: ¿Qué pasa, Xavi, tienes mocos? Nür, ¿llevamos kleenex?
Yo: Aquí no.
Miq: Espérate un poquito, que el papá te los quita en seguida (se gira para mirar al churumbel) ¡ah! que lo tienes en el dedo…
Xavi: Mocos.
Miq: ¡No! Xavi, no te toques… espera… trae, trae, dámelo a mí, que ya lo tiro yo.
Nür: ¿qué?
Xavi: mocos.
Miq: sí, trae, papá lo tira.
Y sí, el moco pasa del dedo índice izquierdo de Xavi al dedo índice izquierdo de Miq, quien, sin pensárselo dos veces, baja la ventanilla y deja al moco volando en libertad.
Surrealista, cuando menos.
Salud,
Nür

18/3/11

¡Una pesadilla menos! (o casi)

El 31 de diciembre de 2010 sufrí uno de los momentos de mayor tensión de mi vida laboral. No voy a entrar en detalles porque escribiría una novela si tuviese que explicar minuciosamente cada eslabón de la cadena que forma esta historia, así que resumiré.

Resumiré diciendo que aquél día bajé a la notaría, sin ningún tipo de poder – porque no lo tengo – a presentar una operación de mierda. Una operación que me encargó un superior (no mío, afortunadamente) de m*. Que firmó un apoderado de m*, y que lo único que trajo fue mierda a mi día a día.

Si formalizas operaciones de mierda lo único que consigues es encontrarte con problemas, y así ha sido. Para empezar, se firmó la operación sabiendo, a priori, que faltaba un buen pellizco de euros (y cuando digo esto me refiero a muchos miles) para hacer frente a los gastos derivados de la misma. ¿Y por qué se firmó la operación? Fácil: al superior le hacía falta esa firma antes del cambio de año para poder salir medianamente bien parado en la foto finish del ejercicio.

El momento no hubiese sido tenso si no hubiese sentido todas las miradas sobre mí. Todos los comentarios. Todos los “no puede ser”. Todos los “pues a ver quién tiene la culpa de esto”. Reventé. Muy formal, eso sí, pero no dejé nada dentro de mí. Para empezar expuse que no sabía qué estaba haciendo yo en la notaría cuando no soy nadie, y para seguir dejé claro las órdenes que se me habían dado y la procedencia de la operación. Parece que todos acordaron que quizá la nenita mona no tuviese culpa de nada.
Que no tuviese culpa no facilitaba las cosas. Así, llegué a la oficina, -un día que cerrábamos a las 12:30 - a las 13:45. Todos mis compañeros esperándome, y yo que me subía por las paredes, una vez en la oficina, sí, despotricando del superior, del apoderado, y de la operación en general.

Evidentemente, la falta de euros no se iba a quedar ahí. Así que me puse manos a la obra para conseguirlos: ampliación de hipoteca que me denegaron, préstamo personal que también, miles de formas distintas de plantear lo mismo, miles de baches en el camino… y por fin hoy, ¡HOY!, 18 de marzo de 2011… ha llegado la aprobación a mi pantalla.
El lunes se firma. El lunes bajarán a notaría a firmar, se formalizará y todo, espero, quedará solventado.

Hoy me siento bien. He llegado a casa sintiéndome más libre. Quizá esta noche no me vengan a la cabeza las mierdas de esta operación. Quizá hoy pueda dormir tran-qui-la.

¡¡Feliz fin de semana!!
Salud,
Nür

14/2/11

Hechos son amores, y no buenas razones.

Hace no tantos años le pregunté a mi madre si me quería. Y ella contestó que sí. “¿Pero me quieres porque me quieres de verdad o porque es lo que toca porque soy tu hija?”, le insistí. Mi madre, con lágrimas en los ojos, me abrazó, me besó, y me dijo que me quería porque era mejor de lo que ella hubiese podido imaginar. “Eres simpática, eres dulce, cariñosa, inteligente, buena persona, y sobre todo, fácil de querer. Es imposible no quererte”. Antes que terminara de decir aquello ya lloraba yo también.

El título de esta entrada va por ella, por mi madre. Es una frase que sólo recuerdo habérsela oído decir a ella. La decía cuando estaba mosqueada por algo. Yo iba, la abrazaba, le decía cuánto la quería, y ella me soltaba la frasecita. Al principio no la entendía. Pasaron muchos años hasta que logré entender el significado literal de la misma; pero han tenido que pasar muchos más, hasta que he encontrado el verdadero significado y he podido, incluso, utilizarla.

Hoy, dicen, es el día de los enamorados. Que a mí ni fú ni fá, seamos francos. Pero en un día como hoy es cuando el refrán me viene a la mente constantemente. Tantos te quieros, tantos I love yous, tantos eres lo mejor de mi vida en facebook, en twitter, en tarjetas en ramos de flores. Que no digo que no sean ciertos, pero un te quiero queda vacío si sólo se dice en un día como hoy. Queda hueco si no va acompañado de acciones que lo corroboren, porque, y volvemos al principio, ya lo decía mi madre: hechos son amores, y no buenas razones.

Salud,
Nür

29/1/11

Peter Pan

Vivo mi vida tranquilamente, sin pensar en si la vivo demasiado rápido o despacio; sin pararme a pensar en si lo que hago es lo que debería estar haciendo; si es lo que toca, lo que me toca, lo que está establecido en “el gran libro de la vida”.

Sin embargo a veces me paro y miro a mi alrededor. Y es entonces cuando veo que hay una gran diferencia entre la mayoría de la gente de mi círculo social de hace años y yo.

Veo a mis amigas de la infancia independizándose ahora, rozando, e incluso algunas ya inmersas en la treintena, y viviendo en sus pisos de soltera como si fuesen estudiantes: con el mínimo mobiliario, decoración nula o ridícula (¿qué me dices de ese “Oscar a la amiga más borracha” y similares?"), con un armario lleno de disfraces, saliendo de fiesta cada fin de semana… presas del síndrome de Peter Pan, me temo. Y me miro a mí, y veo que salí de casa cuando todavía no había cumplido los 18; y veo que me vine a vivir con Miq a los 21; y me veo con un hijo que está a punto de cumplir los 2 años.

Descubro gracias a facebook a compañeros del colegio que, con mi edad, siguen estudiando y no se plantean siquiera trabajar. Y me descubro a mí trabajando, afortunadamente en un buen puesto – aunque ahora mismo no me atrevería a decir que sea sólido (pero esa es otra historia que ya veremos cómo acaba) – desde hace ya más de cinco años. 
Me descubro siendo dueña de mi vida, acarreando responsabilidades, con una familia propia. No soy mejor ni peor que los demás, no valgo más o menos que ellos por la forma en la que he conducido mi vida, pero los miro, me miro, y me descubro, quizá, demasiado MAYOR.

Pero, repito, no sé si es lo que toca a mi edad, si es lo que me toca, lo que está establecido en “el gran libro de la vida”; sólo sé que a mí me gusta, que me hace feliz y que no cambiaría nada de lo que he hecho en la vida para estar dónde, cómo y con quién estoy.

Salud,
Nür

22/1/11

Efectivamente: todo llega.

Parecía que nunca iba a llegar, y llegó. 3 años y 10 días de llagas en toda la boca, de dolor de dientes, de no poder morder un bocadillo, de no comer chicle, de estar siempre pendiente de si hay algo entre los hierros, de sonreír haciendo muecas para tapar la ferretería, de vivir colgada de un cepillo de dientes, de mirarme en el espejo y pensar en cuál sería el resultado sin poder imaginarme que sería tal que así:mi boca 20 de enero de 2011
Sin duda, todo este tiempo, ha merecido la pena.
Salud,
Nür